lunes, 12 de septiembre de 2011

Quinto día Eurotrip!


Día 5


Desperté temprano, tal vez por el persistente tufo de alcohol que despedían los poros de mis maltrechos amigos. Teníamos que dejar el departamento a las 11 am, y si no lo entregábamos limpio, corriéramos el riesgo de ser castigados con una penalización monetaria, así que sin sueño ni nada más que hacer… me puse a limpiar. Tomando en cuenta mi total inexperiencia en esta área, se puede decir que no estaba tan perdido, cuando metí todo los platos con restos casi vivientes de la pasta de Góngora al lavavajillas, le puse una temperatura encabronadamente caliente, y todos los tipos de jabón (polvo, liquido, y barra) que encontré en el departamento y apreté con fuerza el botón de “start”.

Como vi que mis compinches no tenían la mas mínima intención de abandonar a Morfeo, tuve que entrar cuarto por cuarto a gritarlos a los pelanás que ya era hora de dejar el departamento, así que nos dimos el ultimo baño decente de todo el eurotrip (el baño de los 7 vientos, en este puto ya se había transformado en el baño de los 7 infiernos y para entrar en él, necesitabas un traje anti-radiación).

Desalojamos el departamento casi con la seguridad que nos llegaría alguna multa o penalización, por lo madreado que lo dejamos. Pero lo que nos preocupaba en ese momento, era encontrar algún lugar para poder dejar nuestras mochilas, ya que no las podíamos pasear por todo Barcelona, visitar el camp nou, la sagrada familia, y llegar a tiempo al aeropuerto para tomar nuestro vuelo. Así que por fin, después de recorrer varios callejones encontramos a la segunda (y última) española dispuesta a ayudarnos. Era una agencia especial para dejar nuestro equipaje, y para nuestra fortuna, contaba con una computadora, desde la cual, nuestro experto en informática, Juan Pablo Millet “el geek”, logró conseguir hospedaje en un hostal de parís. Cabe recalcar que mientras él efectuaba la transacción, los rufianes nos divertimos jugándole una broma y haciéndole creer que algún astuto carterista, se había robado su maleta (la cual dejó en la entrada del establecimiento). Nuestros intentos cesaron cuando vimos la que su rostro iba perdiendo color cuando reparó en que su maleta, de un naranja chillante, no estaba. Así que nos reímos y le indicamos el locker en el cual la habíamos escondido.

Ya sin el peso extra, seguí a mis emocionados compañeros hasta la estación de metro, en la que vimos como un desvergonzado negro vendedor de piratería y/o artículos robados, se colaba sin la menor culpabilidad, entrando por la salida. No lo pensamos dos veces y lo imitamos. Sintiéndonos felices por haberle robado una vez más a Europa. La adrenalina se sentía tan bien, que decidimos colarnos en todos los metros de aquí en adelante.

Llegamos al Camp Nou y nos alegramos sobremanera cuando nos enteramos que el estadio contaba con el tan maravilloso, “descuento de estudiante” así que entramos con una sonrisa en los labios.

Algunos de mis compañeros que son súper fanáticos del Barcelona, estaban al borde del clímax mientras observaban todos y cada uno de los objetos que ahí se presentaban. Yo, que mantengo la teoría de que el fútbol está hecho para jugarse, y no para verse sentado en un sillón, no conocía ni a la mitad de las personas que mis compañeros admiraban, y Farah, estaba aún más perdido que yo. Sin embargo tengo que admitir que el museo del estadio es un derroche de efectivo, y las instalaciones están de lujo. Pantallas táctiles como ipods gigantes, miles de fotos en formato digital, y hasta una pequeña sala de cine en la que se proyecta una breve historia del equipo, que sin duda tiene mucho que relatar. Sin duda mis compañeros podrían hablar mucho más acerca de esta visita, pero la verdad es que yo estaba tan cansado, que aproveche el fanatismo de mis compinches para echarme una siestecita en nada más y nada menos, que las gradas de Camp Nou.

Por fin, salimos de ahí y nos encaminamos hacia la sagrada familia, cosa que, en lo personal, me emocionaba mucho más. Teníamos prisa, pues alguien nos había comentado que la iglesia de Gaudí cerraba a las 6, y ya eran cerca de las 4:30, así que no tuvimos más remedio que colarnos en el metro de nuevo, para llegar rallando a las 5 a la Sagrada familia.

Es mencionable que en durante la cola, todos tuvimos que pagar, pero el cobratario de la ventanilla tuvo la mala idea de agacharse a buscar una moneda justo en el momento que a Farah, le tocaba pagar. Un segundo fue suficiente para que el gordo haga una demostración de habilidad y escabulla su rechoncha silueta por debajo de los barrotes giratorios. Una vez más Farah se había clavado a Europa.

La sagrada Familia nos tenía impresionados, el detalle con el que están esculpidas las fachadas, convierte al edificio en una magnánima escultura, mucho más que una obra arquitectónica. En mi muy personal opinión, debo de decir que fue lo que más me impresionó de todo el Eurotrip, aunque vimos muchos monumentos mundiales.

Salimos de la sagrada familia muertos, dispuestos a convertir al aeropuerto en nuestro mejor hostal; así que regresamos con la española que nos había rentado los lockers, nos echamos las mochilas al hombro, y tomamos un autobús que nos dejó en nuestra terminal. No tardamos ni diez minutos en convertir la sala de espera en un excelente campamento lleno de cansancio y malos olores. (foto arriba)

martes, 6 de septiembre de 2011

Dia 4 Barcelona


Despertamos, nos bañamos todos en el único baño funcional (el de los 7 vientos había llegado a ser inutilizable en este punto) y decidimos tomar el turibus para conocer los puntos básicos de la ciudad.

Cuando llegamos a la cola del turibus, y nos dijeron que el “susto” era de 27 euros, todos lo sufrimos, pero Johan y Farah, los mas gandayas de los Rufianes, se pusieron a maquilar un elaborado plan para entrar gratis, al turibus, el plan consistía en lo siguiente: Los hombres de bien, y buenos samaritanos (todos los demás ) entraríamos pagando nuestros respectivos boletos, y ya una vez boleto en mano, subiríamos al segundo piso del turibus, meteríamos nuestro boleto en la cámara, y se la arrojaríamos a Johan y a Farah, que estarían esperando en la cola para subirse al turibus. El plan parecía perfecto, pero los atracadores no contaban con la incontenible diarrea que asediaba al pobre camionero, que por azares del destino, y la mala leche de nuestros compañeros, decidió arrancar el turibus, justo antes de que les pudiéramos lanzar la cámara. Nos desternillamos de risa mientras los veíamos correr tras el turibus con la esperanza de que dejáramos caer nuestros boletos. No los volvimos a ver hasta la tarde.

El bienaventurado camión nos llevo a través de las partes importantes de Barcelona mientras el guía nos mostraba cuales eran los edificios diseñados por Gaudí, aunque en realidad eran bastante fáciles de identificar dado la extravagancia que los caracteriza. También nos mostraron la antena con forma de antorcha olímpica, y algunas esculturas surrealistas de gran tamaño.

Nos bajamos en algún lugar incierto que nos llamó la atención por las cuatro columnas gigantes que lo hacían resaltar en el panorama, en esa parada del autobús, caminamos sobre un trozo de escarpa (acera o banqueta para los chilangos) que estaba constituido de puro vidrio, y no pudimos evitar la sensación de vértigo que produce el caminar sobre el cristal translucido.

Cruzamos la calle dirigiéndonos a los enormes pilares, cuando Góngora soltó un grito de excitación tan fuerte, que ni su más ferviente amante ha tenido la desdicha de escuchar. Acto seguido emprendió una carrera hacia un edificio que se veía a lo lejos diciendo, “ahí está, ahí está” el resto de los rufianes lo seguimos sin preguntar, y lo mismo hicimos cuando un guardia obeso nos cobro dos euros para entrar a un edificio completamente… ¡VACIO!

Si, el infeliz de charles, nos había hecho pagar dos euros para entrar al Pabellón de Alemania en Barcelona, un monumento para él y para toda la pandilla de arquitectos, pero una total estafa para el resto de los mortales que no entendemos nada de ese complejo arte; el edificio constaba de una banca, una pared, un espejo de agua, y una hija de puta silla en la que ni siquiera estaba permitido sentarse y que para colmo, todo se podía ver perfectamente desde afuera. Terminamos recorriendo el jardín trasero de la efímera construcción con la esperanza de que nos atacase alguna culebra multicolor, o pase algo digno de ser contado. El pabellón fue construido hace no sé cuantos años por Van Der Roe, que según esto proponía que “menos es mas” pues yo, Tomás Ceballos, propongo que me devuelvas mis dos euros ¡pinche Góngora!

En fin, después de cagotear ampliamente a nuestro querido arquitecto, nos dirigimos a las columnas, subimos un chingorrocientos de escaleras en las cuales varios de mis compañeros se quedaron sin aliento, y tomamos las fotos correspondientes. Cuando nos cansamos del lugar, decidimos tomar de nuevo el turibus, para visitar la pedrera, uno de los más importantes edificios de Gaudí, en el que supuestamente George Lucas, seguramente ayudado de algunos cuantos porros de marihuana, había inventado los uniformes de los storm truppers, (dato cultural para los fanáticos de star wars).

Regresamos del la pedrera para encontrarnos con los dos rufianes extraviados, y ya en el depa nos contaron que Agarraron absolutamente todas las rutas del turibus. Después algunos nos tiramos a dormir una siestecita, mientras el resto de valientes se lanzo al supercito que estaba al final de nuestro callejón (esquina de wok to walk) y se aventaron la cocinada, Góngora como chef principal, y Mike como Pinche. Despertamos para comer una pasta bastante decente comparada con la que comeríamos unas semanas después, llego Laura al depa, y le sacamos jugo y aprovechamos hacer la pre en el depa antes de que nos cierren el metro. El plan era ir a un antro en el que Laura nos había puesto en la lista para que nos dejen entrar. Antes de que cierren el metro decidimos ir al antro, pero en el camino nos encontramos con una pandilla de mexicanos igual de pedos que mis compañeros, y por segunda ocasión, deleitamos los oídos de los españoles con canciones mexicanas, nos hicimos cuates de estos cabrones que cabe recalcar, algunos llevan mas de un año de trip, y ya se sabían todas las mañas; estaban tan cabrones que habrían mandando a imprimir credenciales de menores de 15 años (todos tenían barba, y uno hasta estaba medio calvo) y credenciales de prensa, para así poder pasar gratis a todos los lugares turísticos. Si nosotros nos sentíamos unos chingones, no éramos nada a comparación de ellos. Chilangos tenían que ser.

En fin, nos bajamos del metro toda la bola de mexicanos cantando hasta que algún adormecido español descargo su ira con nosotros lanzándonos un huevo desde su ventana, la atrevida yema de este, osó pringar los zapatos de Johan…

Luego entramos a una antrucho de mala muerte en cual no estuvimos ni el tiempo suficiente para que se acaben una cerveza, hasta que uno de los otros mexicanos se perdió, lo encontramos como media hora después y nos contó que se había puesto a jugar con un cono de vialidad y los policías lo habían cateado hasta tal punto de “canastearle” (palabra de Farah) los huevitos.

Ya completos, nos fuimos en taxi hacia el antro al que supuestamente íbamos a ir, y los mexicanos mañosos, se las arreglaron para que nos dejen pasar gratis, con tal de dejarle al cadenero una buena propina al final. Obvio no le dimos nada.

En el antro lo único mencionable es que Tigre y Góngora se perdieron y nadie sabe porque, pero terminaron en un casino. Mientras Johan y Juan Pablo hacían uso de su irresistible masculinidad para ligarse a un barman español que les estuvo proveyendo shots gratis hasta que se dio cuenta de que no iba a lograr nada con ellos, y Farah, el Gran Farah, se reventaba el único pedo capaz de asustar al guardia mastodóntico que se acerco con afán de sacarnos del antro, pues ya era hora de cerrar.

Ya afuera del antro, nos despedimos de los mexicanos y nos dirigimos a nuestro depa, a dormir para estar listos para el día siguiente, pues teníamos agendado el Camp Nou, y la Sagrada familia…

jueves, 1 de septiembre de 2011

Eurotrip, dia 1 2 y 3


España

Día uno

Emocionados, 6 de los 7 rufianes nos encontramos en la estación de ADO Altabrisa. Para nuestra sorpresa en nuestro mismo camión también iba Barney, que había decidido ir a Europa a alcanzar a sus amigos. El lunes fue día de viaje, pues llegamos a Cancún a las 11 am, y mientras esperábamos el vuelo que nos llevaría al D.F, jugamos una reta de viuda, en la que a pesar de mi famosa mala suerte para los juegos de azar, resulté ganador. Matamos el tiempo comiendo en Burger King, y se nos hizo carísimo (no sabíamos lo que nos esperaba) y cambiando nuestros pesos sobrantes por monedas de 5 pesos para así comprobar el rumor de que las maquinas europeas aceptan las monedas de 5 pesos como si fueran de dos euros. Por fin salió nuestro vuelo al D.F., en donde lo único interesante fue que juanpablito desenfundo el mítico pasaporte europeo, ganándose así, joda segura durante un mes completo. No tuvimos que esperar mucho para abordar el aeroplano que nos transportaría hasta el viejo continente.

El avión estaba en pésimas condiciones, un Iberia destartalado con los asientos más estrechos que los de un autoprogreso, los cuales a duras penas nos permitieron dormir. Nuestros peculiares Aeromozos fueron nada más y nada menos que el patilludo, y una mujerzuela con un sorprendente parecido al logotipo de aviacsa, los cuales fueron lo suficientemente amables para proporcionarnos los brebajes que causarían la primera peda del viaje, a un chingo de pies de altura. El cambio de horario fue un poco desconcertante, pues mientras nuestros relojes marcaban las 4 de la madrugada, nuestros ojos se entrecerraban por el sol resplandeciente que penetraba por las ventanas del avión.

Llegamos a Madrid a eso de las 2 de la tarde del martes 20 y un amable español (especie en peligro de extinción) nos explico cómo llegar en metro a la parada más cercana a nuestro hostal. Después de nuestra primera experiencia en metros europeos, (con el paso del tiempo nos volveríamos expertos) emergimos a la superficie en nada más y nada menos que el Bronx madrileño, cuando nos logramos ubicar nos encontramos con el Gordo Farah esperándonos en la puerta del hostal atiborrándose de su botana favorita; los famosos “ortitos”. Por fin estábamos completos. Depositamos nuestras mochilas en nuestro cuarto, y nos encaminamos hacia el museo del Prado, que como pocas cosas en Europa, fue gratis. En el camino, mientras nos adentrábamos en la gran vía, se nos acerco un manifestante de color que nos comento que habían 20 mil muertos... La prudencia del buen Johan Salió a flote cuando le gritó “¿ah sí? Pues mi papá mató a 40mil” ¿por qué no? Estuvo a punto de quedarse en Madrid, cuando el negro le grito que le iban a cortar la lengua y varias amenazas que preferimos no oír, mientras apretábamos el paso. Ya en el museo contemplamos obras como “la creación de la vía láctea” y el tríptico de “el jardín de las delicias”. Después pagamos un metro para regresar al hostal, y nos bañamos. Todos ellos salieron a un barecito, pero yo preferí quedarme para estar entero al día siguiente. El último recuerdo que tengo de esa noche, es el de Tigre, siendo sorprendido por la niiiiiiiiña, mientras revisaba sus cosas.

Día dos

Nuestra primera mañana en Europa despertamos emocionados. Con ganas de comernos el mundo, así que nos bañamos en chinga, le tomamos fotos a las nalgas de una pobre compañera dormida que dejo la puerta abierta, y nos encaminamos hacia el estadio de futbol más importante de España, el Santiago Bernabéu; En él recorrimos el museo, nos sentamos en la banca, y orinamos sobre una fotografía gigante de todo el equipo. Johan adoró a su “chulo” Beckham, y todos nos emocionamos cuando vimos la trayectoria del pentapichichi, Hugo Sánchez.

Regresamos a la puerta del sol, y Farah nos convenció de tomar el turibus (solo por que el ya lo había pagado). Y aquí fue donde comenzamos a probar la pericia de los europeos, cuando varios del grupo lograron colarse al turibus usando el truco del ticket en la cámara (para mas detalles favor de consultar a Johan y tigre, autores intelectuales del atraco). Después de un rápido rol por la ciudad, nos fuimos percatando de que en cada parada del turibus, los arboles se mostraban decorados por los audífonos de de los turistas, así que antes de bajarnos, sin poder resistir la tentación, y como buenos mexicanos, tratamos de enganchar nuestros audífonos en los arboles, cada quien a su estilo.

Como teníamos pase libre con nuestros boletos, tomamos otro turibus que nos dejó en el parque del retiro, en el cual Juan Pablo se hizo acreedor de la peor horchata del continente, y la máquina de refrescos nos jugó una mala pasada cambiándonos un gatorade por una mezcolanza de frutas salvajes, que sabia a mierda de guajolote, que sin embargo, nos tomamos ávidamente. Paseando por el parque, nos encontramos a una curiosa cantautora, cantando a todo pulmón a la mitad del parque alguna melodía irreconocible. Escogimos una buena sombra en la hierba, y nos tumbamos a disfrutar del desfile de mujeres, mientras descansábamos nuestros adoloridos y hediondos zoquetes. Tigre, para su infortunio, se durmió profundamente. Mientras nuestras cabezas trabajaban en conjunto planeando la broma que le haríamos, Góngora les preguntó a unas muchachas que estaban sentadas por ahí, si nos podrían ayudar con la broma, lo cual hicieron para nuestro deleite… y el de tigre también. Lo Despertaron diciéndole que sus amigos se habían ido hacía 15 minutos, y que se había quedado solo. Mientras nosotros nos doblábamos de risa tras los arbustos, tigre se hizo al digno diciéndole a la güera “voy a buscar a mis amigos” hasta que le chiflamos, para burlarnos de él. Después platicamos un rato con las muchachas y resulto que dos eran gemelas de Bélgica, (una rubia y morena, ¿Por qué no?) la otra tenía una dentadura que habría sido un excelente caso de estudio para cualquier odontólogo, y la cuarta, una gorda que solo habló para comentar sobre la película del “resacón 2” y que nos dejo apantallados con su voz de hombre peludo y fornido. Después Johan y yo nos separamos del grupo para ver si conseguíamos rentar unos patines para farolear un rato por el parque, cosa que nunca conseguimos. Pero encontré una papelería, donde compré la libreta en la que estoy escribiendo estas líneas. Saliendo del parque, vimos a una vieja que en mi punto de vista, creo que fue la mejor de todo el viaje, pero tenía un novio zarrapastroso así que no hubo ni ocasión de hablar con ella.

Regresamos al hostal cansados, pero con ganas de salir al cagadero, así que después de que el pinche gaucho dueño del hostal nos embrocara cobrándonos 10 euros por dejar las maletas en sus lockers, nos sentamos en la sala común del hostal a esperar a los demás, y cuando bajé, encontré a los rufianes hablando con una pareja formada por un fisicoculturista inglés y una australiana con el mejor fundillo de Europa (que por cierto le apodamos, la clavículas), sin duda alguna. Compramos unos tintos de verano, y salimos a recorrer las calles de Madrid en busca de un mítico lugar llamado “los cien mandaditos”. En el camino tuvimos el mal tino de seguir al Gordo Farah, que supuestamente nos llevaría a ese bar; vagamos perdidos alrededor de una hora, hasta que por fin encontramos el lugar, donde estuvieron a punto de sacarnos varias veces por escandalosos, especialmente cuando a un pobre mesero se le cayó la bandeja y nosotros gritamos como buenos mexicanos. Después de que mis compañeros tomaron todo lo que pudieron, (y Farah se “conecto” a una física mexicana de aproximadamente 50 años, más fea que la puta que la parió) salimos (salieron) de los cien mandaditos con un considerable nivel de alcohol en el torrente sanguíneo. Como prueba de esto, Juan Pablo tomó un cono de la calle y usándolo como megáfono, asumió su papel de John locke y le gritó al mundo that… “We are not the only people on this island and we all know it”. Varios Rps trataron de hacernos entrar a los bares ofreciéndonos “chupitos” cosa que al principio nosotros escuchamos con desconfianza, hasta que nos explicaron que en España a los shots, se les llama Chupitos. Al fin decidimos entrar a un bar que se llama la Monalisa, en el cual, modestia aparte, fuimos el alma de la fiesta, armando un cagadero tanto afuera, como adentro. La gente de la calle nos seguía cuando empezábamos a cantar las canciones mexicanas, e hicimos bailar a una variedad de gente impresionante, desde italianas guapísimas, hasta unos grifos de sepa la verga que extraño país. Conocimos a una chinita que se llama pueblo, e hicimos un hallazgo que nos acompañaría a lo largo del viaje… el Famosísimo “hatabajo”.

Cuando logré convencer a todos los borrachos de que si no nos íbamos en ese momento el último camión al aeropuerto nos dejaría, nos encaminamos hacia el hostal a buscar nuestras mochilas, y después tomamos el autobús con el camionero más grosero, hijo de puta, ojalá lo despidan, que he conocido. En el autobús, Farah nos hizo la noche tratando de entablar conversaciones, aun estando pedísimo, con todas y cada una de las personas que tuvieron la mala fortuna de sentarse cerca de él, recuerdo una chica que viajaba hacia las islas griegas, y a un veterano procedente de Italia, que no entendía ni una sola palabra de lo que el gordo trataba de decir.

Llegamos a aeropuerto sintiéndonos en casa, así que nos chaleamos en el baño, y preparamos un campamento de lo más cómodos contratamos internet para poder ver/oír el partido de México, y así pasamos nuestra primera noche en un aeropuerto, cansados, borrachos y felices.

Después de un corto vuelo, arribamos en La capital del skate y la arquitectura, Barcelona. Apenas llegamos le mandamos un pin a Laura Llanes, una amiga de Cancún que estaba estudiando en Barcelona, y nos explicó a que salida del metro teníamos que ir. En el aeropuerto, el gordo Farah tuvo la ocurrencia de separarse del grupo por alguna razón desconocida, y el resultado fue que, por decisión unánime, lo dejamos. Hambrientos y ansiosos por conocer Barcelona, salimos a la superficie y nos sentamos a esperar a Laura, que prometió vernos ahí. Desparramados sobre nuestras mochilas nos sorprendimos cuando vimos al primer vagabundo dándose un festín patrocinado por el basurero de la calle. Al fin llego Lau, y Después de las correspondientes presentaciones, nos dirigimos al Burguer King a comer como reyes. Mientras deglutíamos con sumo placer se nos acercó una de las gitanas de las que estábamos tan advertidos a ofrecernos quien sabe que cachivache, a la cual despedimos rápidamente. Aproximadamente 5 segundos más tarde, una chinita que estaba sentada a dos mesas de nosotros, comenzó a gritarnos en ingles que un pelaná había agarrado algo de alguna de nuestras mochilas, algunos salimos corriendo a buscar al ratero, y la chinita y su esposo salieron con nosotros. Pero después vi que Laura se estaba quedando sola con todas las mochilas, así que decidí regresar con ella. Los demás acorralaron a los rateros en el sótano de un McDonalds y los amenazaron con llamar a la policía mientras la chinita le gritaba quien sabe que en mandarín, y su esposo le tomaba fotos cual paparazzi, hasta que al infeliz no le quedó más remedio que devolver el objeto robado… el Ipod de tigre.

Contentos por haber frustrado el robo de los carteristas, regresaron a comer sus hamburguesas ya frías. Pero que aún así, supieron a gloria. Mientras ellos terminaban de comer, Jp, Laura y yo decidimos adelantarnos para ir a buscar las llaves del departamento que habíamos rentado a falta de hostales. Los demás quedaron en esperar a Farah, en el mismo Burguer King. Tardamos aproximadamente una hora en encontrar las oficinas de daily flats, y regresar al Burguer King con la llave. Farah ya estaba con el resto de la banda.

Mochilas al hombro, nos encaminamos por las famosas ramblas admirando a las estatuas vivientes vestidas de un sinfín de personajes sumamente detallados, entre ellos destacaban algunos moluscos procedentes de “piratas del Caribe” y otros demonios con cierto parecido al famoso “gallo negro”, creación de Farah.

Grande fue nuestra sorpresa cuando deslizamos la tarjeta magnética por la cerradura de la puerta y nos encontramos con un departamento de lujo, con aire acondicionado general, amoblado con fina caoba, una televisión de 50 pulgadas, sala, cocina, comedor, balcón, tres habitaciones comodísimas, y dos baños dignos de la realeza. Así que con la misma, nos desvestimos, le agradecimos a Laura habernos llevado hasta ahí, y nos tumbamos en las blanquísimas sabanas a dormir su cruda y mi cansancio.

Nos despertamos repuestos y libres de toda perturbación. Así que nos metimos a bañar, y descubrimos que los baños tenían seguro… mala idea, las puertas se abrieron, volaron calcetines, y mi bóxer fue a parar sobre la regadera de uno de los baños… y se quedó ahí para siempre. El otro baño quedó en estado inservible en cuestión de minutos cuando alguien defecó un pestilente mojón que después fue cubierto por otro similar de algún valiente que no aguantó las ganas y decidió descargar ahí mismo. A ese baño se le bautizo “el baño de los 7 vientos” por el olor nauseabundo que minaba todo el departamento. Cabe mencionar que algunos de los rufianes perfeccionaron el acto “tres en uno” mientras uno se baña, uno libera a Willy, y el otro se lava los dientes.

Engalanados, fuimos a las ramblas a encontraros con Laura, quien nos informó que correamos con suerte, pues había una fiesta en la playa que se llamaba San Juan y que iba a estar poca madre. Sin saber que esperar, seguimos a Laura que nos llevo a cenar a un lugar de pizzas deliciosas, y después mis compañeros cometieron el error de comprar un vino de barril caliente, el cual si no fuera por Góngora, que mostró la valentía de un guerrero y lo estuvo pichuleando toda la noche, se hubiera quedado intacto.

Los insaciables estómagos de los rufianes seguían rugiendo a pesar de las pizzas, así que Laura nos condujo entre callejones a un restaurante cercano a la playa, para que comieran algo más y tomaran lo que pudieran antes de irnos a la fiesta. Laura y yo no entramos y nos quedamos en el malecón platicando, mientras los demás comían lo que según ellos, fue el mejor sándwich de su vida, hasta que casi sacan a Johan por nosequé (aunque no se me dificulta imaginármelo) y decidieron alcanzarnos en el malecón para ir a la fiesta.

Fiesta que resultaría cagadero. Sesenta mil personas, fuegos artificiales, millones de paquistanís vendiendo cervezas y demás estupefacientes, música, mujeres en bikinis, en fin. La fiesta. Ni tardos ni perezosos mis compañeros se dedicaron a ingerir cerveza tras cerveza hasta que se les subió la fiesta. Después Laura nos presento a uno de sus amigos; se llamaba Carlos y era mexicano. Ya conformado el grupo por nueve mexicanos, encontramos un lugar en la playa, y nos sentamos a disfrutar de la música, mientras veíamos la dentadura flotante. A media platica, llegan Mike y Tigre con dos Gringas que acababan de conocer, y se sentaron con nosotros, las estuvimos jodiendo un rato, pues una de ellas tenía el coeficiente intelectual de un turix, y la era una gordita de pelo rizado que no aportaba nada a la plática. De repente, la pareja que estaba al lado de nosotros decidió que era un buen momento parar ponerse a fajar, así que no lo pensaron dos veces y se pusieron manos a la obra… literalmente. La gordita los veía con una cara de deseo que no nos hubiera sorprendido que fuera a ofrecerse para un trío ahí mismo. Después de muchas jodas, y de asegurarle a la gringa que Góngora era sobrino de Carlos Slim, decidimos despacharla y salir a buscar más… cosa que no logramos. La pareja de fajadores se apiadó de nosotros y cuando se dieron cuenta de que había demasiado público para el siguiente paso, se levantaron, nos regalaron el resto de su alcohol y se fueron; no me cuesta trabajo deducir a donde.


Es mencionable que las colas para los baños estaban peor que las del carnaval de Mérida, así que era mucho más conveniente orinar a orillas del Mediterráneo. Pero en una de las orinadas, el mar decidió cobrar venganza y empapó a tigre, escaldándolo.

De regreso al depa, nació el vuelo del águila y Juan pablo, sin saberlo, tomo el papel de la pantera rosa ante ojos de mis compañeros, los cuales de milagro llegaron al depa, dado su perfecto estado de ebriedad. Dormimos como campeones.

viernes, 19 de agosto de 2011

Dinero

¿Qué harías tú, respetable lector, si hoy te enteraras que tu número ha resultado el premiado y ochocientos millones de pesos acaban de ser transferidos a tu cuenta personal?

Seguramente has tenido esta charla mil veces con tus amigos, y apuesto que las respuestas más comunes son: comprarme un carrazo, viajar por todo el mundo, comprarme una casota o dejar de trabajar.

Ayer, unos minutos antes de que mi profesor de la universidad me invitara amablemente a retirarme de su clase (con las elegantísimas palabras “te voy a dar flit”) me encontraba cavilando acerca del dinero, y su ridículo poder sobre el ser humano.

Hace algunos años, yo tenía la hipótesis de que el sexo, el dinero y el miedo, manejaban el mundo. Hoy, como es su especialidad, el dinero ha logrado comprar el miedo, y convertir al sexo, en su mejor aliado.

Esas personas prosperas y triunfadoras que solemos mirar hacia arriba han caído en el terrible error de vivir para trabajar y no de trabajar para vivir. La vida se ha vuelto una carrera hacia la cifra más elevada y la nueva felicidad se basa en el acumulamiento de bienes materiales.

Varias veces me he preguntado si las personas pueden encontrar la autorrealización siendo unos excelentes generadores de dinero, y cada vez me aporreo con la misma respuesta: desgraciadamente si…

Los hombres productivos de hoy, pasan 12 horas trabajando y ocho durmiendo (cuando les va bien), yo me pregunto ¿de dónde sacan tiempo para su familia, para el ejercicio físico, para su persona? Simplemente no lo encuentran y lo peor… ni siquiera lo buscan. Sin embargo han (hemos) desarrollado la increíble habilidad para gastar el dinero a velocidades que la misma luz, mira con envidia. Deberíamos de considerar al dinero como un medio para vivir, y no vivir por medio del dinero.

La presión de tu clase social, aunque duela aceptarlo, tiene un gran peso sobre ti, esto te obliga a desear siempre más de lo que tienes y por lo tanto, te impide disfrutarlo.

Desde que tengo memoria, me atrae la idea de la vida en los pueblos, una vida mucho más sencilla, y por lo tanto, más feliz. Estar en la clase media alta, y poder codearte en los antros y en los lugares de concurrencia con gente mucho mas “rica” que tú, te dispara la ambición de de tener lo que tienen y hacer lo que hacen. Las necesidades desaparecen y los desembolsos se efectúan a base de deseos.

No te aconsejo que te conformes, pero te recomiendo que aprendas a disfrutar lo que tienes, así sea una choza de palos y un pedazo de pan duro.

La riqueza de una persona no se mide por cuanto tienes… si no por cómo lo disfrutas.

Por último les dejo una frase que le escuche a un sacerdote jesuita cuyo nombre no recuerdo, y me encantó por la veracidad de sus palabras.

“el dinero es un excelente sirviente… pero un pésimo amo.”

Tomás Ceballos Millet

27/08/2010