viernes, 30 de septiembre de 2011

Undécimo Día! (segunda parte)

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Llegamos al aeropuerto de Ámsterdam, mochila al hombro, sin hablar un carajo del idioma, ni tener donde dormir; sintiéndonos unos chingones agarramos un tren que según nosotros nos llevaría a la ciudad, pero aproximadamente a los 15 minutos de estar avanzando, se subió un inspector que hablaba un poco de inglés y nos desbarató las ilusiones diciéndonos que estábamos yendo en la dirección opuesta, y que nos estábamos alejando de Ámsterdam.
Nos bajamos en la siguiente estación, y con cara de pendejos, tomamos el tren correcto. Unas estaciones después, estaríamos llegando a Ámsterdam, tierra de hedonismo y libertinaje
Ya en el centro, nos enfocamos a buscar, hotel u hostal para poder pasar la noche, después de preguntar en todos los hoteles cercanos, y de que mis compañeros, se cagaran de miedo de un pobre ciclista que nos ofreció un hostal (los maricas ya estaban pensando que les iban a chingar un riñón para venderlo en el mercado negro de Cuba) Farah, consiguió que un chino nos deje la noche a tan solo 35 Euros, aún más caro que en Londres. La verdad es que el hotel estaba medio culero, pero era eso o dormir en el piso de un hostal por 15 euros.
Dejamos las maletas, nos pusimos guapos, y ahora sí, salimos a conocer la famosísima vida nocturna de Ámsterdam. Como es bien sabido, la marihuana pululaba por doquier, y había un coffe shop en cada esquina. Cenamos una pizza de 3.5 euros con el italiano mas mamón del viaje, la puta que lo parió, ojalá quiebre su changarro, pues nos saco de su establecimiento por qué no quisimos comprar refresco (obviamente teníamos nuestras siempre fieles botellitas de agua rellenadas en los más inverosímiles baños de Europa)
Nos dirigimos hacia la red light district que es como la calle más importante donde se arma el desmadre de noche. Enfrente del bull dog (no el putero que está por rosas y xocolate, si no según su propia publicidad “the first coffe shop”) Nos encontramos a Andrés Campos y al Chino Gamboa, y estuvimos platicando con ellos como por 15 minutos, fue agradable ver a otros yucatecos que nos sean los malditos rufianes.
Nos separamos de ellos, y en un acuerdo tácito, los 7, ansiosos por descubrir si eran ciertos los rumores, nos dirigimos a las famosísimas vitrinas. Hijas de puta. Casi le doy gracias al bajísimo presupuesto con el que viajamos pues la verdad es que había unas que bien pueden pasar por supermodelos, sin embargo estábamos en tan extrema precariedad, que ni la calentura mas desenfrenada hubiera logrado hacer que desembolsemos 50 euros por un rato (ratito, para alguno de mis compañeros) de diversión.
Cuando creíamos que ya habíamos acumulado recuerdos para nuestras fantasías en los próximos 14 años, nos dirigimos a un coffe shop y algunos de ustedes saben que llevo 24 años de sobriedad absoluta, algunos, otros se están enterando ahorita, pero bueno, yo siempre he estado en contra de las substancias, ya sea químicas o naturales que alteren, modifiquen, o apendejen, tus razonamientos, tus juicios o tus acciones. Pero bueno, después de pensarlo bien, me di cuenta de que estaba en Ámsterdam, y ¿a qué chingados vas a Ámsterdam si no es a probar alguna de esas pendejadas? A nada. Así que, junto con mi primo, me separé del grupo para comprar un “space brownie” engullimos ávidamente, uno cada uno.
Cuando nos volvimos a juntar con el grupo nos percatamos de que ellos ya estaban fumigados en buen grado.  Yo estaba de mal humor pues mi brownie me había costado 5 euros, y no había sentido nada diferente… y para colmo, no sabía ni la mitad de bueno que los de “doña teté”
Mientras rápido se me quitó el mal humor, pues empecé a notar las risas sin sentido de mis compañeros, así que decidimos pasear por el red light district una vez más, por supuesto, el punto de encuentro era una bar que tenia de logotipo al mismísimo “Popeye”.
En vista del hambre que atacaba a mis compañeros, nos dirigimos a comer primero unos waffles bañados que sabían a paraíso y luego unas hamburguesitas en McDonald´s que sabían exactamente a hamburguesitas de McDonald´s. Aún ignoro porque mis compañeros estaban disfrutándolas tanto.
Frustrado, por no haber sentido el mas mínimo efecto de la marihuana, animé a todos para irnos a dormir, No fue muy difícil convencerlos ya que Johan veía enemigos hasta en los turistas mas bonachones.  Le di la oportunidad a la marihuana y no la supo aprovechar.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Undécimo Día! (primera parte)

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Día 11
La alarma sonó a las 8:15 am, como era de esperarse, la mandamos directito a la chingada. Pero recapacitando, mi avaricia venció a mi desvelo, y decidí que no estaba dispuesto a pagar por el desayuno; así que tenía que atiborrarme del desayuno gratis que proveía el hostal.
Me senté solito, y a falta de mesas, una portuguesa de bastante buen ver se sentó conmigo, la charla fue bastante aburrida, y cuando terminé de desayunar, me despedí de ella con un peliculesco “have a nice life”. ¿Qué les puedo decir? Siempre lo había querido decir.
Subí a bañarme, y me di cuenta de que algunos de los rufianes ya estaban despertando. Como fui el primero en bañarme, me medio vestí y me puse a escribir un rato en esta libreta mientras  esperaba que las princesas se terminaran de maquillar. Estábamos apurados pues teníamos la intención de asistir, aunque sea, al cambio de guardia del palacio.
Como de costumbre llegamos tarde, pero esta vez fue por culpa de la mongola de kim, que, aún nadie sabe porque, terminó comprando tres tickets, para el underground. Luego corrimos (literal) desde la casa de Wellington, hasta el palacio de Buckingham y no nos sorprendimos cuando vimos que la gente ya estaba amontonada junto a las rejas, pero aún así logramos ver una parte del desfile.
Nos despedimos de nuestra roomie canadiense, y nos dirigimos en metro al hostal para agarrar nuestras cosas y largarnos al aeropuerto. Ya era un poco tarde, pero decidimos que teníamos tiempo para comer algo antes de marcharnos.
Comí con Góngora en el restaurante de un turco que nos vendió a buen precio unos nada suculentos, pero abundantes platillos. (Hasta hoy tengo la sospecha que la carne que se zampó Góngora sin reparos, procedía de algún tipo de roedor, probablemente una rata).
Después nos regresamos al hostal, con sumo cuidado de no ser atropellados, pues les recuerdo que los coches en ese país, te pueden embestir desde el lado opuesto al que estás acostumbrado.
Corriendo con las mochilas nos dirigimos a la estación de King Cross y esperamos el tren que salía directo hasta el chadwick airport. Teníamos el tiempo sumamente medido. Cuando llegamos al aeropuerto, salimos disparados, con la esperanza de no perder nuestro vuelo hasta que por fin encontramos una caseta de Easy Jet en la que hicimos la cola para documentar nuestras maletas. Ahí descubrí que había perdido mi gorra en el tren. Comí mierda.
Johan se trató de colar a la fila pero un guardia británico lo cachó con las manos en la masa y lo obligó a hacer toda la cola. Cuando por fin pensamos que lo habíamos logrado, el dependiente nos dijo que estábamos en la estación incorrecta y que teníamos que ir a la estación “norte” tomando un shuttle. Sudamos frio, pero no nos dejamos amedrentar, e hicimos muestra de nuestra gran condición física emprendiendo una carrera a muerte por todo el aeropuerto londinense. Como éramos los últimos en la fila y nuestro avión prácticamente tenía un ala en el aire; algún buen samaritano se apiadó de nosotros y nos dejaron pasar a documentar nuestras maletas.
Emprendimos una última carrera, ahora sin mochilas, hacia nuestra puerta de abordaje. Y solo gracias a la más refinada chiripa, logramos tomar el avión que nos llevaría hasta Ámsterdam.
Ahora mismo, ya más relajado, escribo desde el cielo inglés, despidiéndome de este hermoso país,  con la promesa de regresar algún día.

martes, 27 de septiembre de 2011

Decimo dia!



DIA 10
Nos despertamos con toda la intención de llegar al free walking tour, de las 10 am, y como era de esperarse, no lo logramos. Como la segunda ronda del tour era hasta la una de la tarde, decidimos tomar el underground hacia Abbey Road, para tomarnos la foto obligatoria de los Beatles gracias a la cual recibimos varias mentadas de madre y pitorroteos británicos por entorpecer el fluido tráfico londinense.
Felices con nuestra foto, tomamos el metro para regresar al punto de encuentro para el free tour. No tuvimos que esperar mucho cuando una amable señorita se nos acercó y nos explicó la mecánica del tour. Que por cierto no era tan gratis.
En fin, ya estando ahí, nos contó un poco de la vida de Wellington, (palabra que adoptaríamos para referirnos a la tremenda apeste de nuestros zapatos) y por qué le apodaban el duque de hierro; resulta que el cabrón era tan amado por el pueblo, que tuvo que ponerle protectores de hierro a sus ventanas, pues los inconformes se la pasaban arrojando piedras contra su “modesta” residencia.
Caminamos hacia el palacio de Buckingham y nos contó historias de fallas de seguridad, como cuando dos pobres alemanes, brincaron la barda por equivocación, y pasaron la noche entera en los jardines del palacio, sin que nadie se enterara.
La siguiente parada fue en la calle donde se encuentran los “clubs de caballeros” en los que la gente paga ridículas cantidades de dinero para entrar, y algunos esperan durante más de 30 años, para poder ser miembros de uno de estos exclusivos clubes. La parada por obligación fue en el club de caballeros más famoso, en el cual empieza la famosa historia de Julio Verne titulada, la vuelta al mundo en ochenta días. (Premio especial al primero que me diga cómo se llama este club).
Después, mientras salíamos de trafalgar square (la plaza donde se llevaría a cabo la Red Carpet de la última película de Harry Potter) descubrimos una tremenda manifestación cerca del palacio de gobierno. Nuestra curiosidad Mexicana salió a flote, cuando nos perdimos del grupo del tour, y nos adentramos en la manifestación. No paso mucho tiempo para que la calle quede cercada por vayas de policías ingleses con sus característicos casquitos.
Nos llamó la atención la efectividad de la policía británica, pues se colocaron en filas paralelas e iban desplazando a la gente fuera de la circunferencia de rebeldes. Tanto los policías como los manifestantes mostraron un gran primermundismo, con la absoluta ausencia de violencia; la cual no impidió que varios helicópteros sobrevuelen el área.
En la revuelta perdimos a dos de nuestros integrantes. A Farah (para variar) y tigre, que tuvo la mala fortuna de perderse con él. El resto de nosotros fuimos a conocer la calle de Soho, que es la calle de más alta alcurnia de todo Londres. Tiendas de diseñadores, homosexuales finísimamente vestidos, y mujeres con mas bolsas de las que pueden cargar. No les miento compañeros, yo estaba tan asqueado con la opulencia de esa calle, que tengo que admitir que me malviajé exageradamente y les confieso que fue el peor momento de mi eurotrip. Tal vez influya el hecho de que comí el maldito pescado frito más caro de me vida, pues me costó 9 pounds… y para colmo, seguramente ni a mero llegaba.
Gracias a dios regresamos al hostal para bañarnos y alcanzar al pup crawl. Por segunda vez en el día, no llegamos por pinches impuntuales, (y por qué Johan seguramente se tardo un semestre en bañarse).
En vista de nuestro fracaso, decidimos encontrar un pub por nuestra cuenta. Pero después de varios intentos y de la pérdida de un integrante (kim, nuestra room mate canadiense) terminamos comprando la entrada a dos antros con dos tragos en cada uno a tan solo 10 pounds. Obviamente tuve que hacer un chanchullo para que me dejaran a la mitad de precio debido a mi sobriedad.
Cabe mencionar que los antros estaban malísimos pues las pocas mujeres que había, estaban acaparadísimas, sin mencionar que había un sinfín de homosexuales, uno de los cuales, tengo que decirlo, tuvo el gran tino de nalguear a Farah, provocándome una interminable carcajada.
Hicimos un show a los vendedores de las entradas para que nos dejen entrar a un tercer antro, el cual tenía un penetrante olor a xic, y estaba lleno de negros. La población femenina de esa discoteca, era prácticamente nula. Huimos despavoridos.
En el autobús de regreso, Farah se propuso inmolar al Famoso ninja de parís, el cual ya había caracterizado Góngora con anterioridad, y se reventó dos volantines en el pasillo del clásico camión londinense de dos pisos. Todo esto mientras lo atravesaban las reprochadoras miradas del camionero, y de un pobre wayusey (un chinito) que tuvo la mala fortuna de tomar el mismo autobús que nosotros.
De regreso al hostal, Farah (siempre Farah) se encontró una caja de pizza, la cual levantó del basurero esperanzado… ¿y por qué no? Descubrió que había media pizza en la caja, no se si se debió al grado de alcohol en su torrente sanguíneo o simplemente a que Farah, es Farah, no lo pensó dos veces antes de morder sin piedad, la fría pizza. Lectores, en realidad les confieso que no se cómo pasó, el caso es que todos los rufianes terminamos comiendo de esa pizza… si, pizza del basurero. Y lo peor, es que yo ni siquiera tengo la siempre útil justificación “estaba pedo”.
Cuando llegamos a dormir, Los metrosexuales de Joho y Jp, se pusieron a lavar su ropa, la cual, para tragedia de mi estimado Jahario, manchó toda, formando una mezcla interesante de colores veraniegos.

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domingo, 25 de septiembre de 2011

Noveno Día!



DIA 9
Llegamos a Londres a eso de las 9 am, y nos llevamos una gran decepción cuando nos vimos obligados a comprar un day pass para el metro, pues este si está controlado por unos pelanás de azul que se paran en todas las entradas.
Emergimos a la estación de King Cross, al borde de fallecer de inanición y nos fuimos a comer unas hamburguesas callejeras que nos devoramos tirados en el suelo como buenos Homeless; Después nos dirigimos a la estación de trenes a tomarnos la foto obligatoria en la plataforma 9 y ¾, y emprendimos una búsqueda para encontrar el hostal, que supuestamente se encontraba a unas cuadras de ahí. Al fin lo encontramos, “Clink” o algo parecido. ya en el hostal, nos bañamos y cambiamos por que les recuerdo que habíamos dormido en el aeropuerto la noche anterior, y salimos en pos de una caminata de la ciudad.
Esa caminata situó a Londres como primer lugar en mi top de ciudades favoritas. Caminamos por la orilla del rio sucio, y Tigre tuvo el descaro de decir que Londres le recordaba a Campeche, como es lógico, le desbaratamos el autoestima en cuestión de segundos con categóricas jodas. Caminamos hasta que llegamos a una placita bien fresa en la que nos sentamos en unas escaleras a admirar los calzones de las mujeres que, distraídamente, se acercaban a la barandilla del segundo piso del bar de la plaza. Seguimos caminando a las orillas del rio Támesis, y mientras concursábamos a ver quien le daba una pedrada a un barril que sobresalía del agua, Tigre encontró un pedazo de hule, y no dudó en usarlo ofensivamente contra la pierna de Juan Pablo, el cual gritó a pleno pulmón, jurando venganza. (La cual todavía está pendiente).
Admiramos edificios como “el huevo” y “the bullet”, tomamos un chingo de fotos, y saludamos a unas viejas que estaban celebrando su “Prom” mientras paseaban en barco por el Támesis, se notaba a leguas que traían una buena fiesta cuando varias de ellas nos saludaron entusiasmadas. Después vimos a unos pelanás patinando en un skatepark improvisado y fue el momento en el que más me arrepentí de no haber llevado mi patineta al eurotrip.
Por instrucciones de quien sabe quién (seguro del chingado Góngora) fuimos a un museo de la segunda guerra mundial, en el que vimos tanques de guerra y armas usadas por ingleses y alemanes para matarse entre ellos. También había un pedazo del muro de Berlín.
Cernamos con un turco que vendía unas pinches hamburguesotas y un costal de papas fritas a un ínfimo precio (Londres no es tan caro, si sabes dónde buscar) y nos dirigimos al hostal, dispuestos a dormir para estar enteros al día siguiente…
Pero no contábamos con que en el hostal se estaban hospedando 17 rumanas que se encontraban bailoteando en la minidisco del hotel. En menos de lo que dices “kebap” Tigre y Mike ya se encontraban bailando con un grupo de rumanas, todavía no había salido de mi asombro, cuando una de ellas se me acercó para pedirme encendedor, cuando le dije que se la debía, pues yo no fumaba, me propuso acompañarla afuera a fumar. La verdad es que salí con ella por pura cortesía, pues la verdad es que no pasaba, ni de panzazo, mi estricto control de calidad. Sin embargo, hay que reconocer que tenía un español excelente, el cual, según ella, aprendió viendo las novelas mexicanas que se transmitían en su país; menciono algunas como “patito feo” “rebelde” y “amigos por siempre” o alguna pendejada de esas. Apenado por tener que cortar tan profunda e interesante platica, le dije que regresemos al hostal.
Como buenos mexicanos, ya estábamos haciendo un cagadero en la reducida pista de baile, hasta que llegó un rumanito vestido de azul al cual le apodamos “el pitufo” y quiso entrar al desmadre con nosotros. Farah, tigre, y Góngora, sin dudarlo, le dieron la bienvenida, con el primer levantamiento de huevos internacional. La gorda de rojo me seguía intenseando y me preguntó qué haría si me trataba de besar. Tuve que inventar que tenía una novia en México para poder zafarme, y espero que el Barbas no me condene por esa mentira piadosa.
Después la ví. Entre el mar de rumanas, descubrí una hermosa que recién había cepillado a un negro de dos metros y dije “esa”. No sé cómo, terminé bailando con ella y cuando estaba a punto de besarla, llegó la gorda de rojo a cagarme la vida una vez más; con semejante valentía, aún después del rechazo verbal, la infeliz sostuvo mi cara entre sus manos, y atacó con pericia, pretendiendo el ósculo (sinónimo de beso, tranquilos). Con toda la pena del mundo, la tuve que rechazar una vez más, abrazándola y diciéndole que mi ética personal, no me dejaba hacer esas cosas del demonio. Gracias a eso tuve que aguantar las jodas de mis amigos, y me enteré de que fue el hijo de puta de Mike el que le sugirió que efectuase aquel atrevido movimiento. Miguel, te repito: Chinga tu destino.
Cuando prendieron las luces subimos a dormir, pero los rufianes ya tenían la fiesta por dentro y armaron un cagadero en el cuarto, Farah, Tigre y Johan. Estaban haciendo un escándalo, y había una gorda en nuestro cuarto, que milagrosamente no se despertó. El desmadre llego hasta tal punto que los tres rufianes le tiraron el calcetín maldito de tigre en plena cara. La pobre gorda estuvo respirando aquel gas venenoso durante 15 minutos hasta que Johan se apiadó de ella y se lo quitó. Cansados, dormimos con una sonrisa en la cara.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Octavo dia!


Dia 8

Salimos del hostal y deje olvidada esta misma libreta sobre la mesa de futbolitos de la sala común, así que toda la visita al palacio de Versalles me estuve preguntando si la volvería a ver, o si “ya había sido”

Nos colamos en el metro para tomar el tour que sala a Versalles y que costaba 36 euros, pero como nuestro presupuesto estaba por los suelos, decidimos seguir al guía; un homosexual descarado que bien pudo haber pasado por el doble de Michael Jackson. Para no perder la costumbre, hicimos uso de nuestras habilidades físicas y brincamos de nuevo las puertas del metro, pues como este iba hasta Versalles, costaba 3 euros. Impagables por un simple metro.

Cuando llegamos a la entrada del palacio, nuestras mentes maquilaron las mas atrevidas para poder colarnos sin pagar, pero nuestros intentos fueron en vano. Decidimos que era una pendejada, y tuvimos que pagar 6 euros para poder entrar gracias a dios, que había descuento para estudiantes.

Todo iba tan bien, los 7 rufianes paseábamos por los laberinticos jardines, hasta que alguno de los hijos de puta que se hacen llamar mis compañeros de viaje, tuvo la brillantísima idea de hacer el resto del recorrido en un aparato del demonio, una maquina prehistórica y obsoleta en la que solamente los seres humanos de la más baja calaña se divierten. Bicicleta.

Como algunos sabrán mi habilidad para las bicicletas es mínima, por no decir nula. Y la realidad es que la idea de tratar de alcanzarlos me era bastante desagradable, pues conocía mis limitaciones. Trate de disuadirlos de esa idea con dos o tres patéticos intentos que no dieron resultado, y en menos de tres minutos me encontré sentado en una bicicleta, dispuesto a hacer mi mayor esfuerzo por no quedarme atrás. Juré mentalmente que no les daría el gusto de que me vieran caer, pues me haría acreedor de joda segura por un tiempo indeterminado.

Casi una hora completa estuve sufriendo, manejando el aparato del infierno con manos temblorosas, y movimientos torpes, hasta que alguno de mis valientes amigos, se le ocurrió bajar por una colina sumamente empinada. Estúpidamente, los seguí. Yo solamente podía ver como las piedras pasaban por debajo de mis pies, y me observaban como si fueran un centenar de navajas afiladas dispuestas a destazarme, mientras sentía mis manos exprimir los manubrios con afán de disminuir su maldita vibración. Gracias a alguna fuerza sobre natural. Y para desgracia de todos ustedes, lectores que ya estaban saboreando el sotaputamadrazo que me debí de haber dado, salí ileso. Aunque tengo que admitir que fue cuestión de minutos para que me las ingeniara para resbalar, y zafar la cadena de mi bici y llenar mis manos de grasa y un poco de sangre. Ningún golpe divertido.

Decidimos que no podíamos dejar que el palacio de Versalles Resultara invicto, así que nos las ingeniamos para colarnos a los dominios de María Antonieta, yo usando el pasaporte español de mi primo (Juan Pablo, agradece al guardia, que fue lo suficientemente miope, para pensar que nos parecíamos).

Para finalizar la visita al Palacio de Versalles decidimos remojar los pies en la fuente redonda del jardín principal. De verdad les digo, mis lectores, que nunca me imagine que existieran los orgasmos en los pies, pero después de caminar ocho días sin parar, mal dormir en hostales apestosos (sin contar aeropuertos, y suelos) y de montar bicicleta por todo el palacio, sumergir mis kiritzosas patrullas en la frialdad de esa fuente, fue la mejor decisión que he tomado en mi vida, fue tanto el placer y relajamiento, que coloque mis tenis entre mi nuca y el suelo y ¿Por qué no? Me dormí.

Farah, Juan Pablo y Mike se perdieron de los demás, y como empezó a caer una lluvia torrencial, Decidimos dejarlos a la bendición de Dios. Nos colamos con facilidad al tren, y nos dimos la sancochada de nuestras vidas, pues el aire estaba averiado, y hacía más calor que en el interior del Popocatepetl. Góngora se estreno en las cagotizas poliglotas cuando la señora que iba sentada junto a él, se la paso carajeandolo, debido a sus pésimos modales; subir el pie, abrir las piernas más de lo que le corresponde, etc.

En una estación del metro, los cuatro que quedábamos nos separamos pues tigre decidió irse al concierto de iron maiden y yo regresar al hostal a hacer mi maleta pues esta noche dormiríamos en el aeropuerto. Lo cagado de la situación, que apenas nos separamos tigre y yo, una bandada de embrocadores (inspectores) cacharon a Góngora y a Johan sin boleto de metro, las escusas mal balbuceadas fueron inútiles, y mis compañeros, fueron los ganadores de una jugosa multa de 40 euros cada uno. Los demás nos cagamos de risa y disfrutamos de su desgracia.

Tigre afirma que el mejor día de su vida fue cuando se separo de nosotros y compitió contra Europa, solo en un concierto lleno de metaleros mariguanos vestidos de negro y resultó triunfador.

Por fin nos juntamos todos en el hostal, platicamos un rato con los amigos que habíamos hecho (el best friend homosexual de Góngora) y las australianas que, hay que mencionarlo, no se habían cambiado de ropa, y una canadiense obesa y prepotente que se la paso atacando a Farah por su particular vestimenta (nadie la puede culpar).

Abordamos el metro 25 minutos antes de que dejara de funcionar, y por azares del destino, emergimos a la superficie en una barrio bajo de Paris, obscuro como la pez, y con una lluvia torrencial. Una escena digna de una película de terror, no teníamos ni la mas mínima idea de donde estábamos, el metro ya había dejado de funcionar, y el aeropuerto estaba a 25 minutos de nosotros… cuando la desesperación empezaba adentrarse en nosotros, como enviado por el barbas, en una calle pobre, en la que parecía totalmente fuera de contexto, apareció un camión que decía “aeroport”.

Johan le chifló y, mochilas al hombro, corrimos y tomamos el bus que nos llevaría al hostal de esa noche, el siempre cómodo, aeropuerto.

Dormimos como bebés, si alguna vez tienen que dormir en un aeropuerto de Europa, les recomiendo que sea en el de parís. Sin duda fue el más cómodo de todos

lunes, 19 de septiembre de 2011

Séptimo Día!


La alarma decidió no sonar, así que nos despertamos justamente para no alcanzar la el desayuno del hostal; tuve que comprar en un minisúper mi desayuno, que consistió en un pedazo de queso que tenía una cubierta natosa que después de engullirla diligentemente, me enteré que no se comía. Pero gracias al fuerte estomago mexicano, la cagalera solo fue de dos días. Y en mi defensa, debo de decir que la madre esa que cubría el lácteo, no sabía del todo mal.

Como no teníamos hostal para el día siguiente, paseamos los alrededores buscando algún hotel, pero el único con cupo disponible, era un hotelucho de mala muerte, digno de una película de terror, en el cual el escusado asemejaba en lavabo (métanle imaginación, porque yo aún no lo termino de comprender). Decidimos que después de dormir en lujosos hostales y aeropuertos de 5 estrellas, no permitirnos bajar nuestra calidad y acordamos dormir en un parque antes de dormir en ese hotel.

A eso de las doce, dejamos nuestras mochilas en el hostal que por cierto se portaron de lujo y nos las guardaron, y nos encaminamos hacia la meca del arte… el Louvre. A pesar de que a Juan pablo lo había jalado la gorda la noche anterior, nos colamos en el metro sin pensarlo. Cuando llegamos al Louvre, nos sorprendimos por el tamaño de la fila, pero cuando vimos que avanzaba rápido dejamos de maquilar planes para colarnos y nos portamos como buenos ciudadanos e hicimos la cola completa; eso no quita que mientras esperábamos, le vimos el calzón a una güera desinhibida durante diez minutos, y que Farah sustrajera descaradamente las monedas de más alta denominación de las fuentes que rodean el patio del Louvre.

La larguísima fila no duró ni cuarenta minutos, y ya adentro, dejamos atrás el decoro, y nos las arreglamos para que de las 7 personas, solo paguen 2.

Como seguramente has escuchado, el recorrer todo el Louvre en un día, es humanamente imposible, y debido a nuestra excelente ignorancia en cuestiones de arte, decidimos tomar un recorrido de obras maestras, las cuales incluían íconos como “la victoria” “la Venus de milo”, “la virgen de las rocas” y por supuesto, el cuadro más famoso del mundo, “la mona lisa”. No puedo dejar de mencionar que cuando logramos llegar todos a primera fila, los rufianes fuimos los responsables de ensancharle la sonrisa a la misma Mona Lisa, después de que levantamos a Góngora de los huevos, justo enfrente de ella, a pesar de la muchedumbre que nos rodeaba.

Salimos de Louvre y nos dirigimos a la Catedral de Notre Dame, en la cual nos sorprendimos al ver una capillita dedicada la Virgen de Guadalupe. La recorrimos con cansancio y salimos de ahí hambrientos como lobos. Saliendo de la catedral, nos encontramos a un moreno que nos vendió unos dogos sobrenaturales, rebosantes de que queso y con doble salchicha. El combo del dogote y una coca de lata, por tan solo 5 euros. A pesar de que almorzamos tirados en la calle hasta que un amable oficial nos pidió que nos levantáramos, La comida nos supo a gloria. Regresamos colándonos en el metro, y se subió a nuestro vagón un grupo de americanos, en el que destacaba una hermosa gringuita, que no paro de coquetear, hasta que nos bajamos.

En el hostal nos recibieron con la buena noticia de que les habían cancelado, y tenían un cuarto para nosotros, el pedo es que solo era para 4 personas. Hicimos una rifa para ver quiénes eran los afortunados que dormirían en el suelo, y por supuesto fue uno de los ganadores, Mike y Tigre también sacaron el codiciado papelito que, por supuesto, decía “Sup”. Mientras algunos se bañaban Johan y yo le propinamos una vergonzosa goleada en futbolitos a Mike y a Farah, y a falta de la michoacana, tuvimos que jugar en una nueva modalidad denominada “cinco-cero Kebaps”
El Cuarto parece vómito de borracho y por primera vez estoy escribiendo en tiempo real mientras espero a que Mike le dé una última revisada a su mochila en busca de su tarjeta perdida para cancelarla en caso de que no aparezca.

Tigre y Farah se fueron al concierto de Iron Maiden Y Góngora y Johan a comprar vino para armar la pre aquí en el hostal.

No apareció la tarjeta y Mike la tuvo que cancelar, Juan pablo está enfermo durmiendo arriba (por cierto nuestro cuarto esta en el puto sexto piso) y yo me estoy quedando sin efectivo.

Afuera del hostal se armó el cagadero con toda la banda del hostal, jugamos yo nunca nunca y . Después nos fuimos a un bar que se llama clare de lune, y estuvimos tomando y platicando con dos australianas, una de las cuales estaba de muy buen ver. Gongora nos divirtio a todos con las "mil y un técnicas de un borracho"; las más remarcables fueron “el volantín” la lectura de palma, y el infalible “hilito”, aunque también se dislocó el hombro e hizo el pececito con sus dedos; algunos cayeron muertos, otros terminamos jugando “futbolín” en la madrugada.

En la noche cayó una tremenda tormenta que no dejó dormir a algunos infelices, pero los que estábamos en el suelo, ni nos enteramos.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

SEXTO DIA! PARIS


Dia 6

Después de una reconfortante noche en el aeropuerto, llegamos a parís a eso de las 10 am, en el vuelo tuvieron que cepillar a algún pobre cristiano, pues al parecer habían sobrevendido los vuelos.

Tomamos un camión que nos dejó en el hostal, y de ahí fuimos al súper a comprar el desayuno, (un pan seco imposible de tragar, y un licuado de nosequé que sabia a orina del mismísimo Satanás)

Nos encaminamos hacia el famoso arco del triunfo y caminamos como dos horas por los campos elíseos. A medio camino nos encontramos con el primer pelaná con las rodillas al revés, pidiendo caridad. Legamos a la rotonda y tardamos como 15 minutos en descubrir que para llegar a ella se tenía que tomar un camino subterráneo. Después de tomarle una foto encubierta a Osama Bin Laden, decidimos que la subida al arco del triunfo se salía de nuestro presupuesto, así que felicitamos a Napoleón desde abajo y nos colamos en el metro más cercano que nos llevaría hasta la torre Eiffel.

Cuando llegamos a la torre Eiffel, nos tomamos las fotos obligatorias, y nos escabullimos de los vendedores de chucherías, que nos ofrecían un sinfín de recuerditos. (Cabe recalcar que este es uno de los lugares donde nace la famosísima frase que nos acompañó por el resto del viaje, “two iuuuuro”). En el camino de la estación de metro a la torre, nos encontramos con la mayor congregación de gente de color que he visto en mi vida, un concierto de rap combinado con una reta de básquet masiva. Se los dejo a la imaginación.

Una vez entre las patas de la torre, decidimos hacer muestra de nuestra gran condición física, (o de nuestro piojismo mexicano) subiendo por las escaleras los primeros dos pisos de la torre. Juan pablo, demostrando su experiencia, se ligó a un guardia francés para que le rellene su botellita de agua. Algunos sin aliento, y otros casi sin pantalón, todos logramos subir hasta el primer piso.

Desesperado, cometí el error de dejar a todos atrás y subí al segundo piso esperando encontrarlos ahí. Falso. Después de esperarlos un rato y ver que no llegaban, me imagine que estarían en el tercer piso. Así que tome la única vía de acceso, un elevador atestado con un incombatible olor a xic, olor al que nuestras narices se acostumbrarían en poco tiempo.

Grande mi sorpresa cuando llegue al tercer piso y descubrí que el resto de los rufianes no estaban ahí. No me quedó de otra más que admirar la vista, disfrutar el momento, y acción obligatoria, escupir desde lo alto.

Mi perdida en parís fue uno de mis 4 o 5 momentos favoritos, que mencionaré a lo largo de este relato. El híbrido sentimiento de angustia, soledad, reto y esperanza, se conjuga para formar algo nuevo, una especie de lucha interna y shot de realidad.

Aproximadamente dos horas después, luego de contemplar la torre Eiffel desde todos los ángulos posibles, y recorrer las calles buscando las características camisas de la selección mexicana que portaban orgullosos mis compañeros. Los fui a encontrar en un performance de baile, en el cual dos negros con habilidades de baile que Johan vería con envidia, zarandeaban sin piedad a una pobre mulata. El rencuentro fue satisfactorio, sobre todo para mí, pues era el único mongol que se había quedado solo.

Después nos sentamos a tomar champaña mientras deleitábamos nuestras pupilas con la imagen de la torre Eiffel encendida, y los calzones de una rubia despampanante (blancos con rayas azules). Y tuvimos la fortuna de apreciar la efectividad de la policía francesa cuando un policía tacleó a un pobre paquistaní que sin duda había cometido algún atraco.

La regresada en metro fue particular, pues mientras brincábamos las puertas del metro, Góngora se aventó un clavado innecesario rayando así sus lentes buenos, pero lo más remarcable de la noche fue cuando la obesa jaló al geek justo antes de brincar, y le acomodó una cagotiza en francés, dando origen otras de las frases míticas del viaje. “Ya te jaló la gorda”.